Nadie entiende a los fantasmas de la noche ni a los amantes platónicos.
Nadie vuela en los campos de lirios,
ni se explica el silencio de los sueños.
Todo son lágrimas perdidas en la sien,
ilusiones sin sentido que revolotean en el no haber.
Es mirar al sol y perder la vista con la calidez de la vida
con el susurro fatal de asomarse al cielo
sin saber que, en todo, lo más bello
es lo eternamente inalcanzable.