El horizonte asoma lejano, frío,
augurio de un destino aún desconocido
aterrador
En el ocaso, el sol se mece lento pero fugaz
al brillo de la soledad el mar revienta informe y diamantino.
signo de todo vasto amanecer
Mis pies raspan el filo del acantilado expectante
detrás de mí, mil sombras aullantes
me acechan velozmente inmóviles
No he de dejarlas atrás:
soy porque ellas son
son porque eso soy
El viento alza, se eleva, remonta
me empuja al inevitable vacío
al espacio donde antes volábamos
Cierro los ojos, nostálgico, melancólico
el latido se cierne sobre la razón
el alma se despliega desde el cuerpo
...y levanto el vuelo, como Íkaro
para volar más allá del sol...
Mis alas no son de cera.