La luz me sombra sobre el reflejo
que mis ojos ven nublados en la imagen de su canción
Y su silencio me encierra en la locura
que callado grito entre los umbrales del crepúsculo.
Yacen mis plumas empolvadas a sus pies
y niego a ese destino su legado, y a mí, la vida
Con mis susurros rasgo el camino:
piedras rotas en el mar aciago.
Tras este espejo se sienta un dios envejecido
cuya mirada opaca distorciona el aire:
el vapor se eleva suavemente
arrugando el tiempo, enajena y pinta el silencio.
Doy un paso más.
El chapoteo destruye el sueño...
despierto...
...y ya no hay nada más que ver.