Que se desmoronen los sueños.
Que se pudran las almas
Y lloren las piedras.
Que se sulfaten las ilusiones.
Que se desvanezcan las caras
Y se distorsionen las manos.
Que los dioses aúllen el pesar de un alma
Que replica al infierno sus amores
Y sus odios.
Que aquel que ama, llore y grite
En la desesperación del infinito gozar
Del miedo sempiterno de los demonios
Que purgan las pesadillas en el cielo oscuro
De mantos grises.
Que se mueran los suelos
Y se hundan las vidas ajenas
Al impalpable momento
De la gloriosa derrota.
Muera todo aquel que ose gemir
En la luz de los corazones azules
De la angustia fatal
De los corderos de las sombras.
Que se eleven los pájaros
Hasta el final del infinito,
Más allá de donde los carros celestiales
Se estrellan.
Que llueva malicia en el mundo
Y la muerte de los ángeles
Se precipite en este momento
Como la furia de un mundo
Que se consume en las llamas del espacio infinito,
Acabado ante los ojos del despreciable sufrir
Que rodea al sol.
Que se derrita mi alma
Y se muelan mis pensamientos.
Que se destroce esta hoja
Y se quemen mis ojos.
Que se multipliquen las tinieblas
Y que la peste invada la razón del ser total del cielo
Que cae sobre nosotros
En el suspirar de la pasión del fin del mundo.
Que lluevan meteoros de sangre
Y se ahogue en mí el pesar.
Que devuelvan los cielos a sus ángeles
Y se mueran los corazones.
Que se acabe todo.
Que se hunda en la muerte el mundo.
Que se achicharren los pies de Dios
Si hoy no te he amado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario