Entre verdes siluetas
entumecidas las flores
lloran los vientos
el ruego de la tierra.
Un fuerte lamento
el vidrio solemne
carcome entre cristales
la cruel inexactitud
del leve lamento.
Un aire sagaz
duerme sin pena
mece las hojas
y recuerda silbidos.
La suerte perpetua
extiende sus gemidos
y revienta entre olas
el recuerdo lamentable
del triste cerrar de ojos
de un amor invisible.
La sombra sobrevuela los campos marchitos.
acaba entre huesos de hienas
el firme sentimiento
de ángeles sin alas.
Un cielo nublado
cambió sus latidos
por breves goteras.
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